El mundo del trabajo ha sido considerado como una fuente de igualación para las mujeres y los hombres. Si bien no puede desconocerse la importancia que tiene para las mujeres la inserción en el mercado de trabajo -en la medida que le permite generar sus propios ingresos, aumentando sus niveles de autonomía personal y económica,- el ejemplo regional muestra claramente que la sola inserción no es suficiente, si bien sin duda es una condición necesaria para el avance hacia la equidad.
Las uruguayas constituyen el 46% de la población activa del país urbano, representando un porcentaje levemente más alto en Montevideo. Sin embargo, las condiciones de acceso y de trato, así como la calidad de la inserción de hombres y mujeres difieren de manera sustantiva.
La concentración de las mujeres en un número reducido de ocupaciones y la presencia de ocupaciones predominantemente femeninas o masculinas, así como la primacía de hombres en las posiciones jerárquicas al interior de una ocupación, representa el fenómeno de la segregación ocupacional por sexo. Este es uno de los rasgos característicos del mercado laboral, que se manifiesta en Uruguay con particular fuerza.
La segregación laboral por sexo no se ha modificado de manera significativa en la última década, pese al incremento notorio de la fuerza de trabajo femenina y a las mejoras en la educación de las mujeres. Contribuye a ello un conjunto de pautas culturales y sociales, en la familia y en la sociedad en su conjunto, que impregnan las conductas tanto de las y los trabajadores, como de los empleadores en el mercado laboral.
Capacitar a las mujeres en áreas tradicionalmente masculinas busca supera el fenómeno de la segregación laboral a través de medidas concretas. Desde el año 2001, la Casa de la Mujer ha realizado numerosas acciones de capacitación para mujeres en áreas vinculadas con a construcción y servicios s anexos. Por primera vez en Uruguay, la incursión de las mujeres en áreas no tradicionales no ha sido un fenómeno puntual sino que desde hace 2 o 3 años, otras entidades se han sumado a esta iniciativa y ha aumentado la cantidad de mujeres capacitadas en estas áreas.
No se cuenta con investigaciones que permitan aportar elementos evaluatorios sobre el impacto de esta propuesta de formación. A nuestro entender esta es una carencia que deberíamos buscar remediar lo antes posible para poder avanzar en el diseño de una estrategia mas global desde la perspectiva de la equidad de género.
¿Que elementos podemos aportar desde nuestra practica?
Sabemos que la incursión en oficios no tradicionales es siempre un desafío grande para las mujeres; la segmentación laboral no se supera solo por la existencia de más mujeres capacitadas en oficios tradicionalmente masculinos.
Varias son las barreras existentes para la inserción laboral formal: las mujeres demoran más tiempo en encontrar trabajo y necesitan de un mayor apoyo del Programa para insertarse pues cuenta con un menor apoyo de la red familiar y de amistad. En síntesis, registran mayores dificultades de inserción laboral.
Varios empresarios han colaborado con la formación técnica, abriendo las puertas de sus empresas para que desde la practica las mujeres consoliden la adquisición de las competencias requeridas por el mercado.
La promoción del trabajo independiente permite que las mujeres eviten la búsqueda de empleo, pero las ubica frente a otro desafío de igual o mayor complejidad: generar su propia fuente de ingresos a través del trabajo por cuenta propia, lo que también plantean desafíos exigentes para la formalización de esos emprendimientos que les permitiría a su vez transformarse en proveedoras de clientes privados y públicos.
La segmentación laboral, es un problema de habilitación, pero también económico y cultural, estructural. En este sentido, cabe preguntarse si apostar al cambio puede hacerse con las mujeres socialmente más vulnerables. ¿No sería más lógico, partir por aquellas "más habilitadas" y socialmente menos vulnerables? Asimismo, cabe preguntarse si no se requiere también de una política que se oriente hacia los hombres (trabajadores y empresarios) en la perspectiva de promover la mayor aceptación e incorporación de mujeres al ejercicio de estos oficios tradicionalmente masculinos.
Ello coincide con la percepción de las mujeres en términos de las mayores dificultades para encontrar trabajo en estos oficios no tradicionales.
Sin embargo, la dificultad para encontrar trabajo en el mismo oficio de la capacitación es generalizada, el 52,2% piensa que es muy difícil. Las mujeres pobres claramente constatan más dificultades (57,5%) que las no pobres (41,9%).
El objetivo de avanzar en la superación de la segmentación laboral que normalmente las afecta. En concreto, capacitar a las mujeres en oficios que además de ser tradicionalmente masculinos les abren posibilidades a mejores remuneraciones que los oficios tradicionalmente femeninos. Podría señalarse que uno de los principales méritos de esta política, es instalar pro primera vez y a través de una medida concreta, la búsqueda de soluciones a una situación de discriminación histórica.
En términos de la búsqueda de trabajo, se observa que la inserción inmediata es superior para los cursos tradicionales (45,6%) que para los no tradicionales (35,7%). La inserción inmediata es también más alta en las comunas grandes (60,9%) que en las medianas (32,3%) y las pequeñas (42,9%).
La forma de buscar trabajo se asocia estrechamente a la continuidad después de las prácticas laborales; pero en el caso de los oficios no tradicionales, hay una importante participación de las amistades y familiares en la búsqueda (64,3% vs 20,6% para las egresadas de cursos tradicionales).
La articulación con empresarios en términos de poder innovar y sumarlos a la propuesta del ha resultado en general infructuosa. O bien el Programa se desconoce o interesa sólo en la medida que aporta mano de obra barata. Existe asimismo reticencia por parte de los empresarios, a contratar mujeres capacitadas en oficios no tradicionales, aun cuando se trate de oficios para los cuales las destrezas "femeninas" representan una ventaja respecto de los hombres.
La promoción de las mujeres en "ocupaciones masculinas típicas" puede ser útil en relación a la demanda del mercado laboral pero las posibilidades laborales de las mujeres en estos campos serán limitadas a meneos que se implementen medidas especiales de apoyo mas allá de la calificación formal. Estas incluyen medidas de refuerzo y sostenimiento, como fortalecer la capacidad de negociar de organizarse, la responsabilidad e identidad de trabajadora, el desarrollo de la autoestima.
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